La historia de Marina y Nikolai, que tomaron la difícil decisión de repatriarse a Israel, está llena de descubrimientos inesperados y experiencias emotivas. La pareja se marchaba con sus dos hijos: Igor y Stanislav, así como con la esposa de Stanislav, Aleksandra.
Parecería que su vida en Rusia estaba asentada y mesurada, pero en algún lugar profundo de sus corazones estaba madurando una especie de sueño. Su realización, como creían Marina y Nikolai, parecía tan vaga como líneas en el agua. Pero en 2022, después de haber considerado seriamente la repatriación por primera vez, se encargaron de solicitar la ciudadanía israelí, sin apenas informar de ello a sus familiares más cercanos. Era como si algo invisible acelerara su camino.
El proceso de revisión de su solicitud avanzó más rápido de lo que esperaban. Pronto llegaron noticias sorprendentes: la familia se enteró de su herencia profunda y perdida hace mucho tiempo. Marina se sorprendió al saber que su tatarabuelo fue uno de los primeros judíos rusos en llegar a Palestina a principios del siglo XX. Su antepasado no sólo se instaló en Haifa, sino que, como resultó, construyó allí una calle entera. Este lugar, según parientes lejanos, sigue siendo residencial y animado hasta el día de hoy. También fundó la primera escuela de música en Haifa y se ganó la fama como músico talentoso. Estos descubrimientos parecieron llenar su corazón con una emoción inusual, como si la llamaran a casa, al lugar donde la historia de su familia estaba estrechamente entrelazada con la historia de la fundación de Israel.
La espera y los preparativos para la mudanza duraron casi dos años. Tuvieron que esperar mucho tiempo porque el hijo mayor de Marina, Stanislav, acababa de casarse con su amada, Aleksandra. Tuvieron que pasar por todos los trámites desde el principio y solo un año después, cuando todos los documentos fueron aprobados, pudieron unirse a la familia en esta tarea. Este tiempo de espera se convirtió en un período de reflexión y de acercamiento para toda la familia. Comenzaron a comprender que su historia era más que solo la vida en Rusia y que esta historia los estaba llamando.
Para Marina, la mudanza no fue una decisión fácil, porque su madre y su hermano se quedaron en Rusia. Su hermano ahora también está pensando en la repatriación, sintiendo que esta podría ser una nueva etapa en su vida. Apenas está considerando este paso, pero ya se puede sentir la influencia de su historia familiar en su corazón. Los parientes de Nikolai también se quedaron en Rusia, pero son jóvenes y fuertes, apoyaron esta decisión y prometieron pensar en reunirse con la familia en el futuro.
Todos los miembros de la familia tienen profesiones prometedoras: todos, desde Marina hasta Stanislav, son programadores talentosos. Esta habilidad y sus conocimientos les dan la confianza de que encontrarán trabajo en Israel, podrán ocupar un lugar digno y contribuir al desarrollo de su nueva patria.
Con cada paso, sentían cada vez más que estaban siguiendo algo importante. Esta es una historia sobre aquellos que, sin conocer su vocación, la encuentran a la sombra de su historia familiar. Es un recordatorio de que el camino a casa puede ser largo, pero cuando llega el momento, el corazón siente ese camino inmediatamente.